La fábula del papá grunge que no tenía besos Un cuento de cuidado personal para padres e hijos amorosos

Érase una vez un joven desgarbado que creció escuchando rock, que plasmaba, como todos, en su aspecto su actitud. Lucía ropas desgastadas, como caídas de un quinto, en lugar de vestidas, y cada vez que podía, dejaba crecer melena y los cuatro pelos que llamaba barba. Por aquel entonces, jamás se hubiera planteado usar una máquina de cortar el pelo Panasonic ni para la cara ni para la cabeza, lo primero porque sería un chiste por su escasez, lo segundo porque presumía de melenón de puntas abiertas. «Lo que necesito es que crezca más y más, no recortar, y mucho menos rapar!» decía guitarra en mano, sentado en un parque con su look desgarbado.

Pasaron los años, al lado de la bella Padme, la cual sufrió el amanecer de la orgullosa barba del ya-no-adolescente Marq, el cual maduró su estilo, pero aun así le gustaba el rollo rockstar. Y de diferentes formas, la barbita más frondosa se empezó a dejar. Pero algo había que le consumía y alteraba, con tijera y cuchilla, sus pelos nunca igualaba. Quizás era el momento de recurrir a una máquina de cortar el pelo Panasonic, y directo a su tienda más cercana nuestro protagonista se encaminó.

Mas por el camino se sucedieron una serie de catastróficas desdichas. La primera, y menos importante, a pesar de lo impactante, fue que un hipster rabioso se interpuso en su camino y de manera indie y alternativa le mordió y al instante Marq cambió. Un moñete mal peinado, unas gafas de pasta y una barba desaliñada marcaban su cara. Y no solo eso, sino que la magía de ese hipster misterioso hizo que ya no viera la necesidad de perfilar su rostro.

Barba desaliñada, moñete, gafas de pasta y chaqueta de lana. Creo que me ha mordido un hipster. #YaMeMordioAntesDeQueEstuvieseDeModaMorder

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A esto se le sumó otro hecho muy importante. La paternidad en estéreo le hizo feliz, muy feliz, pero carente de tiempo. Así tenía la excusa perfecta para lucir su desgarbo.

Pero todo cambió a los 23 meses de sus criaturas, cuando, tras un día duro de trabajo, Marq, ya como Padre en Estéreo, llegó a casa recibido por las sonrisas de sus hijos, que correteaban hacía él. Su pequeña y dulce Caribicho, que recién aprendió a dar besos, se dirigió amorosa a su rostro y ante el roce de esa mata descontrolada de pelo, desvió el beso, y se lo regaló al aire.

«Necesito mis besos, necesito mi tiempo, necesito cuidarme, porque voy hecho un desastre» se dijo a si mismo mientras encendía su pc, para comprar en Amazon una cortadora y así no arriesgarse a ser atacado por otro hipster al salir a la calle. Tras la compra de su cortadora, cuidados y consejos se fue a buscar, y encontró esta entrada en la web de Blogdads.

Y con los deberes bien hechos y sus pelos cuidados, otro día volvió a casa y por sus hijos fue besado. Aquí amigos acaba esta fabula-reportaje. Quedaos con la moraleja, si barba y besos quiere, cuida lo primero para disfrutar de lo segundo.

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