La trepidante vida social y el estrés autoimpuesto del padre primerizo… Nos quejamos de vicio.

cambiemos-el-chip-picNo sé si a éstas alturas os habéis dado cuenta de que, a veces, me gusta hacer un poco de abogado del diablo y también ofrecer puntos de vista un poco diferentes de lo que normalmente parece estar claro. Un ejemplo que se me viene a la cabeza fue la colaboración que hice en apoyo a #papiconcilia en el que comentaba que los problemas de conciliación, muchas veces, no vienen por la empresa sino por nosotros mismos.

«Podemos recurrir a los argumentos de hipoteca, comida, gastos en general para indicar que el trabajo debe ser lo primero. Pero ha sido esa mentalidad dócil la que ha hecho que sea más fácil atarnos. Y no seré yo quien invite a la revolución desde aquí. No estoy para liderazgos ahora mismo pero sí que invito a que al menos cambiemos el chip.»

Podéis leer el artículo entero aquí.

En cierto modo, y de manera sorprendente para mi mismo, la última entrada que hice sobre la Lactancia materna también lo era porque defendía a las injustamente demonizadas madres (y padres) que optaban líbremente por la lactancia alternativa. Vamos, que si, que me gusta intentar ver las cosas desde ambos lados de la situación. Supongo que será porque soy géminis, algo totalmente demostrado y apoyado por la ciencia.

¿Por qué este rollo? Muy sencillo… haciendo un poco de autoanálisis y observando también a otros padres de mi entorno, a veces me doy cuenta de que nos quejamos por gusto más de lo que nos atreveríamos a confesar.

Si bien es cierto que con la paternidad, las relaciones cambian y con ellas la vida social, lo cual no quiere decir que se acaben. La vida social es como la energía, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, con el añadido de que solo se anulará si tu quieres. La solución es adaptarse. Simple, ¿verdad?

Hay amigos que se irán, otros llegan, otros se adaptarán, al igual que tu, a los nuevos ritmos. Y que importante es adaptarse. La otra opción es vivir estresado cada vez que vayas a quedar con alguien. Estrés porque salir de casa es más difícil e impredecible y seguro que llegas tarde, muy tarde. O en una cena en casa justo ese día los niños no quieren dormirse, o tardan más y tienes a tus invitados esperando (muy a gusto, en el sofá con una cerveza, unos aperitivos y disfrutando de los peques) y tu te pones nervioso, muy nervioso. Un estrés autoimpuesto en tu vida social que no es necesario. Y del cual, encima, te quejas. Como si no fuese culpa tuya.

Está en nuestra mano cambiar las cosas. La paternidad no es una reclusión ni te lleva a vivir en un convento de clausura. Que es lo que parece cuando muchos solo hablan de abstinencia y de no tener vida social. La paternidad es un factor más en nosotros, en nuestra vida. Uno muy importante, si. Pero que se puede complementar a la perfección con viajar, salir a cenar, tomar unos aperitivos con los amigos, hacer deporte o ser un apasionado de los juegos de rol. Incluye a tu familia en eso, modifica tu entorno, tu círculo social y tus pasiones para que se incluya a tu/s hijo/s. Es mucho más sano para uno mismo y para tu familia. Y así, disfrutarás en lugar de quejarte.

Otra cosa importantísima es tomárselo con humor, con mucho humor. Como hace el genial Cristóbal Garrido con sus fotos familiares, las cuales empieza a colgar en su cuenta de instagram @matadme_mucho aunque tiene más en Facebook. Cristóbal, actualiza el instagram!

 

Y yo no soy mucho de quejarme… en público. Pero ésta entrada si que es una reflexión en alto que me ayuda a tomar forma y consciencia de que debo ir cambiando el chip. No porque no tenga vida social, que la tengo. Ni porque no haga cosas con mis peques, que cada vez hacemos más. Pero me autoimpongo mucho estrés, siempre. Con los horarios, sobre todo. Y eso hay que cambiarlo. No hay mejor manera de mejorar que pararse y analizarse un poco a uno mismo. Os lo recomiendo, quejosos 😉

2 comentarios

  1. La verdad que está bien dar la vuelta a las cosas para verlas desde otro punto de vista. Yo también pienso que con el tema de la conciliación somos nosotros algo culpables. En cuánto a las amistades, por lo que a nosotros respecta somos los únicos amigos con niños, y algunos lo han aceptado y han seguido queriendo quedar y otros por el contrario se han apartado. Lo mejor es adaptarse todos un poco a todos, con un equilibrio. La foto de Cristóbal muy molona!

  2. La verdad es que nos quejamos si, pero es una gran verdad, al menos en mi caso, que “ten hijos y descubrirás quienes son tus amigos de verdad@ un poco triste a veces…
    Nosotros no podemos quejarnos de vida social porque la tenemos la verdad, como tú dices, adaptada o cambiada, pero no nos faltan nuestros terraceos, cenas y comidas,.
    Pero sí que es cierto que da rabia que “algunos” ya no se acuerden de ti.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *