Las doce pruebas de Stereodadix Que lo mismo no llego a poner doce, pero oye, que pedazo de cómic.

A medida que van pasando los meses y Caribicho & Cocopanza van creciendo, me voy dando cuenta de que el día a día se va convirtiendo en una concatenación de situaciones, rutinas y escenas que bien parecen una carrera de obstáculos que superan con creces a los triatlones, los Ironmanes, las Sansilvestres, los Tour de Francia y hasta al Paris-Dakar en triciclo. Es por eso que he decidido contaros algunas, quizás doce, quizás menos, quizás en varias entregas y así rellenar post. El caso es que os presento Las Doce Pruebas de Stereodadix.

1.- El Despertar Silencioso.

En cuanto a mi manera de despertar he pasado por varias fases en mi vida. Durante mucho tiempo yo era de esos de un único despertador y saltando inmediatamente de la cama. Después empecé a poner alarmas de ‘por si acaso’ y llego un momento en el que para espabilarme acabé poniendo una alarma que se desactivaba tras resolver un problema matemático. Pero ahora los nenes mandan, y su descanso es sagrado. El de ellos y el de Padme, que si los niños se desvelan a las 5:30 de la mañana y yo me tengo que ir a currar, ella lo sufre. Así que he pasado al modo Despertar Silencioso. Me he puesto una alarma en el smartwatch que solo vibra. Es un reto despertarse sólo con eso cuando caes como un tronco víctima de la privación del sueño.

2.- Gestión energética eficiente.

Soy un padre coñazo. Y tengo una pareja coñazo. Y una hermana que cuida a mis hijos coñazo. Y una familia coñazo. Y en la guardería en la que van a comenzar la semana que viene (ya os hablaré de ello) son maravillosamente igual de coñazo. Eso quiere decir que hay un denso tráfico de fotos de entrada y salida en mi smartphone, si a eso se le suma las necesidades laborales del mismo y el uso personal, llegar al final del día (con llegar a casa del trabajo me conformo) con batería es un logro. Conseguir tener batería suficiente para deleitarte con fotos, reenviarlas, comentarlas, poner el vídeo en bucle de los peques riéndose, spotify, telegram, twitter en el camino de regreso a casa te pone a prueba como gestor energético eficaz. Por si acaso llevo un powerbank, pero mi honor me impide usarlo a no ser que sea grave. Un Powerbank hace débil al Gestor eficiente.

3.- Maniobras de evasión.

Llegas a casa, cansado, con ganas de ver a tus enanos. Muchas. Más que nada en el día. Pero también te apetece ir al baño a refrescarte (y a liberar al kraken incluso), cambiarte de ropa, ponerte cómodo y así disfrutar bien de los pequeños. Pero no te lo van a poner fácil. Desde la entrada al salón hasta el baño tienes una estancia cuyo camino de paso esta plagado de juguetes, cubos, muñecos, un perro que te pide mimos y calle y dos chiquillos que con graciosos andares se dirigen a ti con los brazos estirados cuales zombies (Padme y yo de manera amantísima los llamamos ‘The Walking Babies’ mientras en mi cabeza suena la cabecera de The Walking Dead). Abrir la puerta, soltar un saludo efusivo mientras sueltas la mochila, saludas al perro con un gesto cariñoso mientras te agachas a recibir a los peques, subirlos uno en cada brazos, besos, besos y más besos, giro, soltarlos, piquito a Padme avanzar sin mirar a atrás para entrar al baño y escuchar lloros de los peques que quieren más papá. Sales rápido, cruzas un estrecho pasillo mientras esquivas a los Walking Babies que te esperaban detrás de la puerta y pasas al dormitorio. Allí por suerte se entretienen haciendo sonar la guitarra mientras me cambio y soy todo suyo.

4.- Superar el destierro.

Caribicho está empadrada. Muy empadrada. Y a mi me encanta, lo reconozco. Padme y yo nos picamos mutuamente porque Cocopanza está enmadrado, muy enmadrado. Nos picamos aunque realmente nos encanta escuchar al otro diciendo esas cosas. Según llego a casa me convierto en el parque de atracciones de mis hijos, sobre todo de la niña, la cual pasa a hacer todo encaramada a mi, agarrada a mi, pegada a mi, encima de mi y todas las combinaciones posibles que permitan estar juntos en ello. Se divierte, no para de reír y eso me hace feliz. Pero hay un problema. Cuando llega la hora de dormir, si lo intenta su madre, poco más que la manda a Chiquitistán porque quiere venir conmigo. Pero si la cojo yo, solo quiere juerga. Así que casi a diario, cuando el día pone a su fin y Cocopanza yace dormido, he de sufrir el destierro para que Caribicho acceda a dormirse con la madre. Hay veces que aprovecho para ir a cocinar, bajar al perro o lo que sea. Hay veces que eso ya está todo hecho y sólo me queda esperar en la terraza sentado mirando por la ventana al salón como Padme duerme a nuestra pequeña. Reconozco que me da una sensación de paz tremenda aunque lo que quiero es estar ahí. Volver a dormirla y sentir como descansa en mis brazos.

Definitivamente, dado que me estoy alargando, iré haciendo más entregas de Las Doce Pruebas de Stereodadix. ¿Y vosotros? ¿A qué pruebas os enfrentáis a diario?

6 thoughts on “Las doce pruebas de Stereodadix Que lo mismo no llego a poner doce, pero oye, que pedazo de cómic.

  1. Genial post!!! Ya me tienes esperando el siguiente con ansias!!!
    Me recuerda a cuando podía coger a mis niños y jugar con ellos. Cómo lo echo de menos…
    Gracias por recordarme una de mis etapas vitales favoritas!!!!
    Si es que es para achucharte toda la eternidad!!!! 😉😂😂😂😘😘❤❤

  2. Total!!! Post muy grande!!
    A medida que crecen te aseguro que las pruebas se reducen jajaja
    La del despertar silencioso es tal cual jajaj
    Esperando el resto de pruebas.
    Gracias!!

  3. En mi caso añadiría al despertar silencioso el levantar ninja, ir pisando con cuidado por el pasillo por esos lugares en que cruje el suelo, sujetar esa puerta que de cierra sola o que cruje según la estación, impedir que el gato cruce el umbral del pasillo… Así hasta que me visto, preparo el almuerzo y salgo de casa XD

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