Maldito cabroncete adorable…

Maldito cabroncete adorable…

Cuántas veces hemos podido decir (o al menos pensar) algo así sobre nuestros hijos. Esas situaciones en las que les odías y a su vez no puedes porque te los comerías. Recientemente (tanto como ayer) nos pasó con Tiofurioso algo que me hizo decírselo.

*Nota mental: procurar empezar a no decir estas cosas en alto para cuando empiecen a entender lo que dices al hablar.

Pero antes de contarosla, os cuento una Caribicho.

Cinco de la mañana del sábado. No tienes que “madrugar” y estás en lo mejor de tu sueño. Caribicho comienza su llanto. Tiofurioso se suma. Padme da el pecho a uno, yo biberón al otro. Tras ello Tiofurioso tiende a caer rendido y vuelve a dormir. Es más, creo que no llega a despertar del todo en este proceso. Momento en el cual ves a tu preciosa Caribicho haciendo honor a su mote, boca arriba, piernas y brazos levantados cual tortuga dada la vuelta realizando una serie de espasmos y ejercicios y mostrando cero ganas e intenciones de dormir. La maldices por ello hasta que ves su simpática cara, sonriendo, riendo y emitiendo graciosos sonidos que te llevan a pensar: «Maldita cabronceta adorable. Te mataba… a besos.»

hf1¿Y qué hizo Tiofurioso para que pensásemos tal cosa sobre él?

Cuando teníamos todo más o menos controlado, contando con las sorpresas y todo, cuando creíamos que no era del todo dificil plantearse un esbozo de comienzo de intento de rutina llegó Tiofurioso a alterar nuestra estabilidad mental, si alguna nos quedaba.

Estos últimos días ha aprovechado mi estancía en casa por “vacaciones” para volverse crazy del todo. Se acabaron los matices en los lloros, se acabó entender, más o menos, que necesita según te llore. Ahora, de cero a cien, pasa de una maravillosa paz somnolienta al mayor ataque de berridos y llamamientos arcanos que he podido presenciar. Más o menos lo teníamos controlado y pensábamos que sólo sería una época, unos pocos de gases o algo pasajero. Por si acaso, masajitos para soltar gases, citas con el osteópata y demás.

Pero empecé a dudar de mi mismo los días de más cansancio. Esos días que estás tan anulado que te ves echando cocacola a la taza de colacao que estás preparando a Padme o en los que te despiertas a los pies de la cama vestido y sin saber ni donde te encuentras. Ese estado mental junto a un sentimiento de impotencia por no ser capaz de relajar al pequeño con ninguno de mis habituales y efectivos métodos me llevaron a colapsarme, a dudar de mi y a verme frustrado llorando casi más que el niño mientras Padme acudía amorosa a relevarme en la “lucha”.

Esa sensación de duda fue la que ayer nos hizo detonar y decidir irnos a urgencias por si acaso se nos escapaba algo del niño. Todo el sentido común nos decía lo contrario, pero allí fuimos. Por el camino llantos y lloros histéricos que por momentos nos desquiciaban y contagiaban a la hermana. Justo a escasos metros de llegar a urgencias el pequeño se desplomó y, estoy convencido, se durmió por agotamiento.

hf2¿Con qué cara llegas tu a recepción en plan «Mire, es el niño, ese tan gordote del carro. El que resopla y ronca»? Pues agárrate que vienen curvas. Justo cuando nos llaman para pasar a que le vean, el muchacho se despierta y comienza a desplegar todo su catálogo de sonrisas, cogiendo tus dedos mientras emite simpáticos ruiditos.

«No se lo va a creer. Este maldito cabroncete adorable nos está volviendo loco. Aunque no lo parezca.»

Por suerte no es nada grave. Seguimos con episodios de cólicos de vez en cuando, pero fue una visita casi obligada, no sólo por el niño sino por nosotros. Se afronta mucho mejor la noche cuando sabes que lo que le estas haciendo es correcto y que sólo te queda paciencia y mimitos para el pequeño y maldito cabroncete adorable.

7 comentarios

    1. Author

      Ya ves, un par de ratos nos quedan, seguro.

  1. Algo parecido me pasó a mi gordi!!! Jajaja!!! Un post muy divertido!!!

  2. Jajja como siempre genial.
    En mi casa su padre siempre les dice “pequeño capullin con pintas” jajaja


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