Malditos niños molestos Vol.2 #Stopniñofobia Lo que viene siendo un triste tema recurrente

Si, ya os hablé a mi manera de ello en este post de hace un año.

Pero luego me encuentro con esto y me vuelve a hervir la sangre:

Y te pones a pensar. Incluso intentas ponerte en la piel del otro. Es cierto que para quien no tiene hijos, que te toque al lado de una mesa con niños eufóricos que no dejen de moverse y/o hacer ruido puede llegar a ser molesto. Pero ahí llega mi pregunta… ¿Nos ponemos igual de intolerantes con los adultos molestos? He trabajado muchos años en hostelería, he visto muchos grupos de adultos molestos, muy molestos, a gritos, insultos e incluso molestando a mujeres de mesas ajenas envalentonados con su borrachera y, ni de lejos, las quejas han llegado al mismo nivel que llegan sólo porque un bebé llore o porque dos niños estén jugando entre ellos.

El colmo de los colmos viene cuando he visto a adultos quejarse del ruido de los niños cuando han acudido a comer a un lugar que tiene zona infantil.

Supongo, querido hater, que el niño es un blanco fácil. Y los padres temerosos de que sus hijos monten un pollo también, y eso te envalentona. Y si además de ser un hater eres el responsable de un local, eso te hace venirte arriba y llegar a situaciones como esta:

Como soy así de bueno, me parafraseo a mi mismo poniéndote un par de perlas del post original.

Sigue exigiendo restaurantes donde se prohíban niños. Y ya puestos parques, centros comerciales, vagones de tren, pasajes de avión. Hazlo, por favor, y que te lo den. Porque no te quiero cerca. Quédate en un jaula callado y sin hacer ruido, maldito engendro adulto molesto. Así seguro disfrutaré más el tiempo con mis hijos, vivir una vida donde los niños corren y gritan sin miedo de recibir una mala voz adulta. Una vida donde podré encargarme de educar a mis hijos para que según vayan madurando sepan divertirse, hacer ruido y no ser molestos. Y sobre todo, que no sean como tú.

Te voy a contar un secreto: tú también fuiste un bebé baboso, ruidoso, cagón y un meón inoportuno.

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