System Update: Cocodrilos cantantes, pasas y Bichos dibujantes 21 meses ya. En breves empezaremos a contar en años.

¡Cuánto tiempo sin romper el blanco del papel con mis palabras! ¡Cuánto tiempo sin deciros nada! Podría excusarme en el verano. Podría hacer alusión a lo que narraba JM de “La parejita de golpe” en su entrada “La paradoja del Papá Bloguero”. Pero la realidad es que han sido unos meses duros, con cambios desagradables y de tocar fondo. Hora de reconstruir.

Por suerte, Cocopanza & Caribicho siempre ayudan a salir adelante. Podría ponerme intenso y decir algo así como que no hay oscuridad suficientemente densa como para difuminar la luz que me dan ellos. Pero es verdad.

Y eso pasa incluso cuando son ellos el factor de estrés. Cuando están más revoltosos que nunca, o no parar de llorar en todo el día porque están asomándose a su etapa de rabietas y saben que liándola consiguen lo que quieren (o lo intentan), y a ti se te empieza a caer el pelo (realmente te lo estás arrancando desesperado), en ese momento, hacen algo maravilloso y todo cambia. Os hablaba un poco de ello aquí hace tiempo.

Echo una mirada atrás y todo lo que ha ocurrido desde que llegaron esa madrugada de diciembre de 2015 ha sido como una eternidad hecha suspiro. Tanto y tan rápido que cuesta asimilarlo. Y es que ya han cumplido 21 meses así que toca un pequeño Update sobre los mellis.

Cocopanza

Si algo es Coco, es un tío intenso. Creo que ha salido a su padre. Para lo bueno y para lo malo es muy intenso. Eso quiere decir que lo mismo va con una sonrisa que desborda que un segundo después monta un drama que ríete de Romeo y Julieta. Pero le vamos pillando el truco a cuando va a montar los dramas, en las situaciones más cotidianas y Padme y yo lanzamos Canciones de Prevención de Dramas (lo llamaría CPD pero como informático me sentiría confuso). Y es que a Coco le flipa la música y además en su caso se aplica a la perfección eso de que la música amansa a las fieras.

Eso sí, deja claras sus exigencias.

Si a la hora de cenar el cansancio le confunde, empieza el follón y ya no le vale cualquier canción, él se calma si le cantas Pimpón.

¡Uy, que musical ha quedado! Admito que me he quedado 10 minutos intentando rimar las siguientes, pero voy en el tren, son las 7 de la mañana, no pidáis más a mi mente.

Si en el salón está jugando y se te sube trepando, afina bien el oído y repite la que te canta Cocodrilo.

¡Vaya, otra que rima! Un momentito, que viene el revisor. Enseguida sigo con esta entrada del blog.

Si a la hora de dormir, ya está apuntito, Padme se pone a tararear bajito. Pero él es muy purista con esto de las letras, así que le tira de la mandibula para que la cante estrofas enteras.

Chim pun!

#Agustito

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Caribicho

Caribicho día tras día va superándose en la definición de bicho. Y me encanta, porque disfruta de todo. Cuando trama su plan se le cierran los ojillos empujados por los mofletes que se elevan por esa sonrisa que dice “siiii, voy a hacerlo, jejejejejeje“, momento en el cual su risa se desboca, como desbocados son sus andares llevados por la efusividad del momento.

Y es que pone Cara-de-Bicho haga lo que haga. Realmente es cara de disfrute, de satisfacción. Y me encanta. ¿Lo había dicho? Lo malo es que como se emocione con algo y tengas que pararla, se lía una que ríete tu de las tensiones entre Corea del Norte y EEU… y del resto del mundo, vaya. Porque, si algo tiene Caribicho es genio (iba a decir otra cosa relacionada con el caballo de Espartero, pero no era plan) y te hace saber cuando algo no le gusta. Te lo hace saber mucho. Y no la consuelas con nada que no sea volver a hacer lo que estaba haciendo u ofrecerle otra cosa que sabes que la va a tener igualmente abstraída con sus consecuencias si también tienes que parar después.

Le encanta pintar. Le encanta el cuento de El retorno de Villarina. Disfruta correteando con la pelota. Le encanta terminar las frases de las canciones, sobre todo cuando juegas a eso con su hermano y no con ella. Y se emociona más aún cuando descubre cualquier cosa que puede hacer por si misma. Es una alegría verla comer sola, como ríe entre cucharadas y entre mordiscos. Aunque hay que controlarla porque cuando coge algo con las manos, se pone a roer en plan hamster y se trinca todo a dos carrillos, por grande que sea el trozo de comida que le ofrezcas. ¡Papás, mamás, hay que poner límites a los hamsters!

Eso si, de las pasas pasa. Hasta el punto de que si en su plato hay pasas, le pasa el plato a su hermano.

Y hasta aquí el pequeño resumen de como están los mellis. En próximos post os traigo un par de concursos que tengo cerrados y espero poder volver a estar más activo. Será signo de que las cosas van mejor y de que la paradoja del papá bloguero no me afecta.

¡Abrazos en estéreo!

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